Arquitectura deportiva, más allá de la funcionalidad

Al hablar de ‘arquitectura deportiva’ nos referimos al arte de proyectar y construir edificios de carácter deportivo, con el objetivo principal de satisfacer a sus usuarios, ya sean deportistas de élite como espectadores, o simplemente personas que buscan una instalación adecuada para practicar deporte. ¿Excluye esta definición la preocupación por el diseño?

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Aunque al pensar en arquitectura deportiva a muchos nos viene a la memoria un pabellón de deportes, gris y frío, lo cierto es que desde hace ya unos cuantos años las instalaciones deportivas han demostrado su preocupación por el diseño y su apuesta por ir más allá de la simple funcionalidad. Los diseños arquitectónicos de instalaciones dedicadas a la práctica del deporte cada vez se preocupan más por la estética, pero siempre sin dejar de lado su principal objetivo: que se trate de instalaciones prácticas, cómodas y útiles para la práctica de uno o varios deportes.

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En civilizaciones como la griega, desde el siglo V a .C ya se realizaban construcciones exclusivamente dedicadas a practicar los primeros deportes, como el lanzamiento de jabalina o de disco, el salto de longitud o las carreras de carros. Aunque está prioridad por construir este tipo de complejos no se mantuvo hasta la actualidad. Durante la época del Renacimiento y la Edad Media dichas construcciones no fueron necesarias, ya que los deportes se practicaban mayoritariamente en calles y plazas con gradas y carpas provisionales. No fue hasta los siglos XVI y XVII cuando se volvió a hablar de arquitectura deportiva, para crear espacios dentro de los palacios reales destinados a deportes como la esgrima o el tiro con arco. En el siglo XVIII empezaron a construirse los primeros gimnasios y piscinas, pero no fue hasta finales del siglo XIX y principios del XX, con el regreso de los Juegos Olímpicos, cuando aparecen las primeras construcciones de gran envergadura.

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A pocos meses del inicio de los Juegos Olímpicos 2016, la ciudad de Río de Janeiro ya está inmersa en la preparación de las próximas instalaciones deportivas. En 2012 fue el turno de Londres, que entre sus construcciones olímpicas más relevantes levantó dos pabellones especiales en el Olympic Park de la mano de sus dos principales patrocinadores: Coca-Cola y BMW. Mientras que el fabricante de automóviles se centró en la electromovilidad, el pabellón de Coca-Cola mostraba la simbiosis entre la arquitectura y la música. Dicho pabellón estaba compuesto de una especie de cojines de plástico que reaccionaban con sonidos a los movimientos de los visitantes. La seguridad arquitectónica corrió a cargo de Carl Stahl, que equipó ambos pabellones con malla X-Tend de cable de acero inoxidable en barandillas y como protección contra caídas.

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Fotografía: BizBash.com

 

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